lunes, 17 de septiembre de 2018

Nominada a Mejor Docente de España

             El sábado a medio día recibí un mensaje de Isaac Pérez, profesor de la Universidad de Granada, felicitándome por algo que tardó en desvelarme al menos 10 minutos, o al menos a mí se me hicieron eternos. Manoli Fernández, reitera la enhorabuena en el grupo de Hilos para Educar. Y mientras incrédula no paraba de cuestionarme lo que estaba ocurriendo, recibo un mail confirmándome que he sido nominada como mejor Docente de España de 2018 en la categoría de Educación Infantil, por los Premios Educa Abanca

           Emocionada lógicamente. Sobre todo al descubrir que este año solo pueden hacer las propuestas de docentes, el alumnado y la familia. Pensar que las familias de mis niños y niñas creen que hago bien mi trabajo y dediquen su tiempo en inscribirme en un concurso, ya es todo un honor y reconocimiento por su parte.

                  No creo que ningún concurso en el que se valoran las siguientes dimensiones:
          Pueda decidir quién es mejor maestro o maestra. Conozco a docentes maravillosos que no publican ni libros, ni artículos, ni tienen blogs, ni redes, ni utilizan las TIC... ¿por eso los vamos a descartar como los mejores? Quizá el nombre del premio debería de ser otro, no lo sé... 

           Por otra parte, al releer los criterios, desde luego que quiero aprender de docentes que los cubren, de hecho en el claustro virtual hay miles, a los que estoy totalmente agradecida porque forman parte de mi PLN (Entorno Personal de Aprendizaje) y son dignos de valorar, porque gracias a ellos y a ellas seguimos creciendo como docentes y nuestra práctica educativa mejora.

              Siempre intento ser positiva, creer que todo tiene su lado bueno. Por eso a pesar de pensar lo injusto de la valoración de los concursantes, soy una apasionada de mi profesión y creo profundamente que la Educación está mejorando pero no se le da la visibilidad adecuada debido a las críticas que constantemente recibimos los docentes, las dificultades con las que nos encontramos como la falta de personal, las elevadas ratios, las trabas para utilizar las metodologías que creamos convenientes... todo ello nubla la calidad de tantos y tantos profesores y profesoras que se esfuerzan a diario para que su alumnado aprenda, para que sean competentes, que investigan cómo pueden emocionar y hacer lo posible para que sean felices. Si premios como en el que me he visto sin esperarlo nominada, sirve para dar visibilidad a esos docentes, para contagiar el virus pedagógico que diría mi amigo Pepe Arjona y para poner en valor nuestra Educación, sea bienvenido.



         Pero me he sentido mal. No creo que me sienta merecedora de estar entre los supuestos mejores 50 maestr@s de Educación Infantil de España. Miro a mi alrededor y hay tantas compañeras  y amigas que deberían de estar ahí, de las que aprendo. Ellas sí son las mejores maestras del mundo para mí, con esa mirada hacia la infancia repleta de respeto y amor.
      Y mis adorados compañeros y compañeras de redes, ellos y ellas se merecen la mención. Yo misma los hubiera presentado si fueran los maestr@s de mis hijos. Pero como no puedo desde Maestr@sDEscuela, pongo en valor su labor.

        Hasta ahora no he publicado mi nominación. He leído, mucho, sobre la opinión de otros docentes sobre estos premios. Muchos felicitando a nominados, otros cuestionando el premio y a los premiados. Y yo con vergüenza. Sin poder compartir la alegría y justificar que alguien ahí fuera me valora públicamente. Que el tiempo que le dedico a mi pasión, de mi vida, con gusto, como hobbie o como forma de vida, que diría Manoli Fernández, es reconocido. Que cuando dedico tiempo a proyectos de investigación, se valora, que cuando escribo en mi blog y difundo en mis redes lo que pasa en mi clase, hay personas que lo agradecen... Por cierto, soy maestra de escuela, ni gurú, ni influencer, como he leído en twitter refiriéndose a los nominados. Docente decente que madruga para ir a trabajar como la que tuitea estas palabras.

       
          Y desde aquí, sin saber si seguir adelante o no.



           Todo esto lo escribí anoche, para desahogar mi malestar y bucear en lo que sentía. No pensaba publicarlo. Hasta que esta mañana, después de invitar a mis familias a entrar en mi clase, sin decirles que era para comunicarles (con un nudo en la garganta) que por presentarme ellas sin yo saber nada, al final he resultado nominada, al ver la emoción en sus ojos y su alegría compartida, he decidido publicarlo y permitirme sentirme feliz por este detalle tan bonito. Mi premio lo tengo cada mañana. Todo lo demás es secundario.

          Solo me queda agradecer a quien se siente orgulloso de mí.


       
                    

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